Ahora, soy una persona más serena…

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Desde hace varios años me nació la intensión de certificarme como Coach, sabiendo las bondades que esta técnica de desarrollo personal puede ofrecer a otros y a uno mismo, decidí que sería un excelente complemento a mi formación profesional y mi pasión como facilitadora de programas de capacitación en diferentes áreas.

Lo que no sabía era el impacto que tendría esta decisión en mi vida y en la forma en que veo y vivo cada una de las circunstancias de mi vida.

Se dice que el coaching es la mejor manera que tiene una persona para alcanzar su potencial personal; y les aseguro que esa es la experiencia que estoy viviendo yo misma. Después de mi interés inicial, pasaron varios años hasta que “pude” encontrar el tiempo, espacio y recursos para iniciar mi formación como coach… desde un inicio fue una experiencia maravillosa y sobretodo… sorprendente.

Si, sorprendente, porque después de tantos años de formación y practica personal, no me esperaba encontrar las áreas de mejora que resultaron de mi primera etapa de formación en coaching. Para ponerlos en contexto… siempre he sido una persona energética, resuelta a enfrentar retos y a lograr resultados, que he disfrutado mucho del reconocimiento y de alcanzar proyectos, metas y retos que otras personas no querían asumir. Esto me llevó a ser exigente (conmigo y con las personas a mi alrededor), acelerada, de ese tipo de personas que anda en mil cosas a la vez, siempre apurada para la siguiente cita y con la mente revolucionada en cosas por hacer.

Así he pasado mucho tiempo de mi vida profesional, lo cual permeo por supuesto mi vida personal y familiar; siempre ocupada en algún curso, en alguna reunión… llamar a mis amigos, ups! ¡Se me paso! Mañana lo hago… Terminar de ver el show escolar… ups! ¡No puedo, veo a la niña y me voy! ¡Ando tarde para una reunión… me despides de ella… dile que me encantó!

Sin darme cuenta, esta forma de abordar mi vida me llevó a sentir una profunda inseguridad e insatisfacción con respecto a esa vida profesional a la que tanto me había aferrado buscando autovalidación. No piensen que era todo lo que me importaba, al igual que tú, mi familia es y siempre ha sido importante… y he trabajado arduamente por ser una buena madre y esposa, más cometí el error de medir mi valía y mi satisfacción o realización en torno a mi trabajo y sus resultados, y no en otros aspectos de mi vida… que definitivamente son más importantes, como mi relación con Dios y mi relación con mi familia.

Al iniciar hace unos meses mi formación como coach, empezamos por toda la parte teórica y pronto entramos a la práctica supervisada por los facilitadores. En esas prácticas pude obtener resultados muy interesantes, pero el más impactante para mí fue que me dijeran: “Marisel… lo que sucede es que no pareces estar conectada con tu lado humano!… ¡Wao! ¡¿Qué?! ¡¿Cómo así?!… ¡¿pero si yo soy una persona muy humana!, ¿me encanta la gente y hasta he enseñado sobre la buena comunicación, la empatía, el liderazgo… cómo así?! ¡¿Qué me paso?!… Las emociones me inundaron el alma… y aún ahora, al recordar el momento las emociones me fluyen por todo el torrente sanguíneo.

Lo bueno de estos “baldes de agua fría” en la vida de uno es que se pueden convertir en cambios positivos, y así ha sido en mi caso. Luego de superar el shock de esta evaluación, al igual que en el seguimiento con mi coach personal (si claro, yo también tengo un coach), me embarque en la tarea de buscar y encontrar a “la verdadera Marisel”, aquella persona que aun manteniendo su energía y persistencia, también es “humana”, en conciencia de sus emociones y las de las personas a su alrededor, con la visión de ser un instrumento de ayuda a descubrir el verdadero potencial de las personas, sin importar dónde, cómo ni cuándo.

Ha sido un camino que aún estoy transitando… enfocado en definir lo que deseo alcanzar, en identificar cuáles son mis barreras o limitaciones autoimpuestas, las cuales me son útiles superar, en medir mi sensación de beneficio, el famoso “bienestar”… La sorprendente manifestación de este proceso ha sido una oración que me ha dicho hoy… una persona que frecuento semanalmente, me dice:

Señora Mari… usted últimamente sí que ha cambiado…

¡¿Cambiado?! Le digo yo…

Sí, me responde. Ahora está mucho más serena, más tranquila… ya no anda acelerada como antes.

¡Waoooo… qué emoción! Ni yo misma había caído en cuenta de que mi proceso de mejora personal, ¡hasta se está notando! Este reconocimiento inesperado me ha llenado de alegría y me impulsa a seguir adelante en mi proceso de encuentro y mejora personal, de profundizar en mi bienestar y así lograr esas metas que realmente me importan, para las cuales necesito mucha serenidad…

Gracias por leerme, gracias por estar aquí.

Be present, be sincere, be fulfilled…

Marisel de Yau

 

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